-42-
Dejó Yannick de lamer el sexo de su amada
cuando el pasadizo comenzara a inundarse
de ecos de voces en grito y raudas pisadas.
-¡Corred!- exclamó
la reina bajándose los faldones del camisón y cubriendo sus senos, al tiempo
que empujaba al herrero hacia la salida-. ¡Huid mientras los retengo!
-¿Y vos?- preguntó
preocupado.
-¡Corred y no
miréis atrás!- exclamó ella alejándose por el oscuro pasaje.
-¡Por allá!
¡Escapa a caballo!- exclamó uno de los soldados del príncipe Antoine situándose
bajo el escondrijo de Yannick-. ¡Vosotros!- dijo refiriéndose a dos de sus
iguales-. Perseguidlo a pie- se giró hacia el resto.- Los demás, seguidme. Iremos a por nuestras
monturas.
El herrero espero
a perder de vista a ambos grupos y aprovechó la ocasión para descender de un
salto desde la más baja de las ramas.
En el exterior de
la taberna ya había oscurecido mientras Annette y Dashiell continuaban bebiendo
codo con codo, acompañados de varios clientes a los que habían invitado con
aquella primera y única moneda de oro que la doncella de la reina hubiera
colocado sobre el mostrador.
-¡Ya es hora de
marchar!- exclamó Annette levantándose tambaleante y acabando de un trago el
contenido de la jarra que portaba en la mano-. ¡Pero cuanta gente ha venido!-
la muchacha fijó la mirada en los parroquianos, quedando absorta por la cantidad
de gemelos idénticos que había parido Mauban-. ¡Que a ninguno de mis amigos se
les seque el gaznate!- dijo señalando a apenas cuatro hombres que la miraban
divertidos. Entonces Annette trastabilló con el banco en el que había estado
sentada y cayó junto con él patas arriba, cubriéndosele la cabeza con los
faldones del vestido-. Demonios, ¿quién ha apagado la luz?
-Doncella- sin
poder evitar lanzar unas sonoras risotadas, Dashiell, quien había tenido
reflejos suficientes para ponerse en pie y no acompañarla en la caída, le bajó
el vestido y la ayudo a levantarse-, mejor será que vayamos a tomar el fresco.
Estáis totalmente embriagada.
-¿Embriagada?- la
muchacha sacudió su golpeado trasero-. Demasiado fina palabra para describir
semejante cogorza.
Carcajeándose y
agarrados como dos buenos amigos, salieron ambos a la vía principal,
deteniéndose sobresaltados cuando por todo el perímetro del adarve retronaron
los gritos de los soldados dando la voz de alarma sobre un fugitivo
.
Yannick corrió en paralelo a la muralla por entre los árboles, alejándose todo lo posible del portón
principal. Se detuvo, respiró hondo y comprobando que el camino estaba
despejado, volvió a salir a la negrura
del campo desnudo, sin detener la carrera hasta tener de nuevo la espalda
pegada contra el muro defensivo. Cuando
llegó hasta unas rocas amontonadas contra la pared, las escaló y aprovechando
una zona desprotegida del adarve, saltó por encima y se coló en la fortaleza,
donde nunca nadie sospecharía que había osado ocultarse.
-¿Estarán
atacándonos?- preguntó Annette asustada, agarrándose con fuerza al brazo del
caballero.
-Tranquilizaos,
doncella- acarició su hombro-, será un ladrón que ha escapado de las mazmorras.
Estando conmigo, no debéis temer.
Reiniciaron la
marcha hacia la plaza situada frente a la entrada al castillo, cuando a apenas
diez pasos de la misma, un individuo saliera a la carrera de una estrecha calleja
topándose de bruces con ellos.
- ¿Tenéis prisa,
extraño?- Dashiell desenvainó la espada y le colocó la punta bajo la barbilla.
-¿Herrero?-
Annette dio un par de pasos al frente para mirarlo mejor-. ¿Cómo vos por aquí?
-¿Acaso lo
conocéis?- le preguntó el caballero, incrédulo, sin apartar la mirada del
hombre.
-Sí, lo conozco,
pero es una historia demasiado larga para contárosla en estos momentos- se
volvió al amante de su amada-. ¿Qué sucede?
-Doncella, yo…-
Yannick tragó saliva y el frío hierro acarició su piel-. Soy ese fugitivo al que buscan.
El custodio apretó
más la punta del arma contra su cuello.
-¡No!-
Annette la apartó-. Debemos salvaguardar su vida- tomó con dulzura una de las
manos del caballero-. Confiad en mí, os lo ruego.
Dashiell miró
aquellos bellos ojos suplicantes y empujó al herrero a un portalón oculto por
las sombras.
-Esperad a que
desaparezcamos y después marchad a la taberna más próxima y ocultaos hasta que
despunte el alba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario